Es como si hubiera necesitado esta toma de tierra antes de volar a media Europa en otoño. María José Llergo (Pozoblanco, 31 años), una de las voces flamencas al servicio de la electrónica y los nuevos ritmos con más proyección nacional (cuando ganó en 2020 el Goya por su canción Te espera el mar, de la película Mediterráneo, su carrera explotó), da prácticamente por terminada su temporada de verano con el concierto que ofreció este sábado en Jerez de la Frontera (Cádiz), en el marco del Tío Pepe Festival. El recital tuvo mucho de olor a bodega antigua (en el sentido más literal del término, los efluvios de los vinos generosos más antiguos del país se colaban en el concierto con cada racha de aire, procedentes de las botas centenarias de la firma González-Byass, donde se celebró) y de las voces ancestrales con las que esta artista de juventud aún arrebatadora ha construido los cimientos de su carrera musical.
Mientras los teclados electrónicos, sintetizadores y la percusión se agarraban al presente, Llergo se acordaba de la Paquera de Jerez, que fue la reina de la Bulería y una mujer con pulso de hierro que desafió los convencionalismos de su época; de la eterna Lola Flores, de quien versionó un aplaudido Pena, penita, pena que inevitablemente se vio obligada a cantar con un mayor del lugar que se encontraba entre el público; e incluso de Camarón de la Isla —natural de la cercana ciudad de San Fernando—, con el que se despidió de Andalucía en una improvisación que fue rápidamente reconocida por un auditorio que venía a recordarle sus orígenes a esta cordobesa que estudió desde niña “toda la discografía antigua de Triana y de Jerez”, explicaba a EL PAÍS, aún en estado de euforia minutos después del concierto.






