Fueron hace cuarenta y tantos años los adalides de los llamados Nuevos Románticos, pero los focos y los suspiros (mayoritariamente femeninos) tenían como principal destinatario a su cantante, un dandi alto y trajeado, de voz engolada y aspecto seductor que respondía al nombre de Tony Hadley. Sin embargo, el gran genio creativo detrás de los míticos Spandau Ballet era el también londinense Gary Kemp, aquel rubiales que tocaba la guitarra a la derecha del escenario y el autor de la práctica totalidad del repertorio que popularizó el quinteto: Gold, True, Communication, To Cut a Long Story Short, Paint Me Down y una larga retahíla de títulos inolvidables entre quienes fueron chavalines en los ochenta y hoy son reducidos a la desdeñosa condición de boomers. Kemp acaba de cumplir los 65, pero, lejos de retirarse, ha sorprendido con un hermoso álbum en solitario, el tercero de su discografía en nombre propio. Se titula This Destination y ahonda en los misterios de la vida y los claroscuros de la madurez, pero su firmante, en conversación telefónica, lo tiene claro: “Mis mejores composiciones las estoy escribiendo ahora, con independencia de que solo suelan triunfar canciones concebidas cuando eres un veinteañero”.