Oliva de Plasencia (292 habitantes, Cáceres) ocupa un punto estratégico a medio camino entre el Valle del Jerte y la ciudad de Placencia. Hay quien escoge esta pequeña aldea, rodeada del encinar extremeño, para turismo rural. Otros pasan el verano en el que es el pueblo de sus padres o abuelos. Entre ellos, José Manuel Ortega, de 76 años. Este jubilado reside en Alicante y se traslada durante largas temporadas a Oliva, donde nació su esposa. Pero el matrimonio ha vivido este año una situación inédita, fruto de un cocktail de circunstancias adversas, que en Extremadura ha desembocado en una aciaga semana de virulentos incendios. El miércoles llegó a haber 19, este viernes quedaban ocho activos.

Uno de los peores fuegos se registró en la montaña de en frente, en Jarilla —a tres kilómetros—, provocando el desalojo de ese municipio, de Cabellabezosa y de Villar. También el cierre total de Oliva de Plasencia con sus vecinos dentro. El jueves, a las 6.14 de la mañana, Ortega, su esposa y el resto de residentes recibieron un mensaje ES Alert ordenando el confinamiento de todos los vecinos por la amenaza del incendio, que tras cuatro aciagos días ha arrasado 4.800 hectáreas. “Conocía el mensaje por la dana de Valencia”, relata Ortega junto al Ayuntamiento. “Sentí preocupación, aunque sabía que estaba lejos”.