“Cuando uno gobierna como un César, no puede sorprenderse de que le salga un Bruto”. Con esta evocación a una de las traiciones icónicas de la Historia resumió el único concejal del BNG en Touro (A Coruña) la trastienda de la moción de censura que este martes ha permitido al PP recuperar el gobierno municipal. Es uno de los cambios de alcalde que ha propiciado en España la sentencia del Tribunal Constitucional que cambia la ley electoral y da alas a los pactos con tránsfugas. En el caso de este pequeño ayuntamiento de 3.400 habitantes a 30 kilómetros de Santiago, la operación política se ha culminado entre acusaciones de venganza, de autoritarismo y de espurios intereses económicos.

El PP ha recuperado la alcaldía de Touro gracias a su pacto con Darío Rey, un edil no adscrito que abandonó el gobierno saliente del partido Movemento Veciñal. Rey, que ha unido su voto de censura al de los cinco concejales populares para sumar la mayoría absoluta de seis, se levantó como un resorte y abandonó este martes la abarrotada salita de plenos cuando tomó la palabra Roberto Castro, el regidor defenestrado. Castro ha pedido perdón a los vecinos por haberlo fichado para sus listas electorales y ha acusado a Rey de moverse por “intereses económicos personales”. “Esta moción se explica con una regla de mercado: hay un elemento que se somete a la venta y hay un grupo dispuesto a comprar”, resumió. Tras la sesión y ya sin el bastón de mando, el exregidor ha abundado en estas supuestas intenciones turbias de quien fue su número dos. “Las desavenencias fueron por cuestiones de promoción económica personal, única y exclusivamente”, señala Castro sobre la relación de su partido con Rey.