Cuando pensamos en té japonés, probablemente lo primero que se nos viene a la cabeza es el matcha, con su vibrante color verde y su estatus estético como nuevo icono de lifestyle. Sin embargo, Japón tiene una larga tradición de tés humildes y cotidianos, que han acompañado a generaciones en su vida diaria, lejos del foco mediático y del aura ceremonial. Entre ellos, hoy destacamos tres que comparten una historia común, pero tienen identidades muy propias: bancha, kukicha y hojicha.

No son nuevos. No son moda. Pero frente al modelo intensivo y orientado al mercado global que sucede en la actualidad con el matcha, estos tres han resistido sin alterar su esencia y representan lo que necesitamos hoy: sostenibilidad, sencillez, bajo impacto y sabor honesto. Son tés bajos en cafeína, fáciles de preparar, aptos para todas las edades. Tés que no necesitan batidores ni hashtags para ofrecer algo esencial: una pausa real.

El bancha es un té verde elaborado con las hojas más maduras, grandes y gruesas de la planta del té, recolectadas en cosechas tardías (verano u otoño). Estas hojas, situadas en la parte baja de la planta, han recibido menos luz solar, lo que se traduce en menos cafeína y teanina, y más ácidos fenólico-oxidados, como ácido gálico, y flavonoides que aportan capacidad antioxidante y efectos digestivos moderados. Además, ofrecen un perfil gustativo más suave y terroso, sin la astringencia del sencha o el matcha. Las cosechas de otoño, en particular, son especialmente valoradas por su complejidad y equilibrio.