A Santiago Abascal no le ha sentado nada bien que la Conferencia Episcopal saliera públicamente en defensa de la comunidad musulmana de Jumilla (Murcia) y advirtiera de que la moción promovida por el partido ultra y aprobada por el PP para impedir que celebre sus festividades religiosas en el polideportivo municipal atenta contra el principio de libertad religiosa y los derechos humanos. El líder de Vox ha arremetido contra “una parte” de la jerarquía eclesiástica, según sus palabras, llegando a sugerir que está comprada y que su falta de críticas al Gobierno se debe a las subvenciones públicas que recibe, directamente o a través de las organizaciones caritativas que atienden a los inmigrantes. Incluso ha insinuado que la Iglesia no avala muchas posiciones de su partido porque está “amordazada” por los casos de pederastia denunciados en su seno.
Abascal nunca ha ocultado sus discrepancias con la posición de la Iglesia católica ante la inmigración y siempre se mostró displicente con el anterior pontífice, el papa Francisco, al que se refería como el “ciudadano Bergoglio”, mientras cultivaba relaciones con los sectores más reaccionarios de la curia, aunque siempre tuvo cuidado de evitar cualquier choque con el episcopado, consciente de que la mayor parte de sus votantes son católicos. Sin embargo, las críticas de la Conferencia Episcopal a la escalada islamófoba emprendida por su partido, con los disturbios de Torre Pacheco o la moción de Jumilla, le han hecho responder con una virulencia sin precedentes.








