Philemon Kiriago no puede olvidar cómo perdió el año pasado en Sierre-Zinal, la catedral del trail, por apenas un segundo y medio ante Kilian Jornet. El keniano había ganado en 2023, pero dio igual: no solo se escapó un triunfo, sino que acabó en el lado equivocado de una de las mejores carreras de la historia. Porque fue la décima victoria del español en tierras suizas, por el final de película en el descenso, por su error, el de adelantar a la leyenda demasiado pronto en lugar de esperar al último kilómetro de asfalto, sin esas raíces en un terreno seco del 20% que sirven de preludio al pueblo. “Pienso en ello cada vez que salgo a entrenar, es como una herida. Cuando cometes un error, quieres la oportunidad de rectificarlo”. Sin su verdugo, en otros quehaceres, cumplió su misión ante una plana de compatriotas voladores. Hizo valer su experiencia, la de uno de los pioneros del trail africano, para encabezar un podio con los colores de su país y de su equipo, Run2gether, el proyecto austriaco que le abrió las puertas a Europa. Una fiesta a la que se sumó Joyline Chepngeno, que repitió su corona de 2024.
La longevidad de esta carrera que une las dos localidades del Valais que le dan nombre a lo largo de 31 kilómetros con 2.200 metros de desnivel positivo se explica porque representa un cruce de caminos entre muchas disciplinas. Su escasa dificultad técnica es una invitación para que los maratonianos del asfalto prueben suerte, sin que ello aparte a los perfiles más montañeros. “Es tu carrera, todo el mundo puede hacerlo bien”, resume su director, Valentin Genoud. La prueba sirve de guinda a la temporada regular de las Golden Trail World Series, el circuito que aspira a ganar Philemon en octubre, pero también forma parte de la World Mountain Running Association. El apoyo del tejido social, con 720 voluntarios, ha cimentado durante 52 años lo que en la práctica es un mundial oficioso de la media distancia.






