Alfonso Mateo-Sagasta, autor del libro 'El Reino de Belmonte. Una utopía urbana'. EFE/ Alfonso Mateo-Sagasta

Lucía Serrano |

Madrid (EFE).- En el verano de 1990, cuando las relaciones entre España y Cuba se tensaban porque 18 cubanos se refugiaron en la embajada española para salir de la isla, los vecinos de un barrio de Madrid lanzaron una inusual propuesta y pidieron al Gobierno de Fidel Castro asilo político porque el Ayuntamiento de la capital española quería expropiar sus casas.

El 9 de agosto de 1990, una delegación de la colonia madrileña de Cerro Belmonte llegaba a La Habana para pasar diez días en la isla, invitados por el presidente cubano.

Dos meses antes, los vecinos habían comenzado a adoptar medidas de presión contra las autoridades de la capital española, que trataba de expropiar unas viviendas que habían construido con sus propias manos.