La entrada en vigor de los aranceles y las amenazas de que la factura siga aumentando, con nuevos gravámenes a sectores como el farmacéutico o el de los semiconductores, no ha intimidado a los inversores. Desde el pasado 2 de abril, cuando el presidente de EE UU, Donald Trump, anunció los mayores aranceles desde la Gran Depresión, los mercados han asistido a una sucesión de amenazas comerciales que, en la mayoría de los casos, se han moderado o pospuesto al cabo de pocas horas o días. La tregua comercial y la expectativa de que la Casa Blanca recapacite para evitar una recesión han bastado para mantener el apetito por la renta variable.

Superado el desconcierto inicial, muchos inversores han interpretado las correcciones bursátiles como una oportunidad para volver a entrar a precios más atractivos. La recuperación más contundente se ha producido en Wall Street, donde el S&P 500 y el Nasdaq encadenan récords semana tras semana. Pero también Europa empieza a desperezarse. En particular, el Ibex 35 ha conseguido sacudirse su papel de patito feo del continente: con una revalorización del 26,7% en lo que va de año, el índice español ha pasado en apenas cuatro meses de pelear por conservar los 11.700 puntos a superar los 14.600, máximos no vistos desde enero de 2008.