Puede que ya nadie lleve el esmoquin a la tintorería ni se enfunde unos guantes hasta el codo para ir a la ópera, pero de ahí a sentarse en un palco presumiendo de bíceps y con los pies al aire hay un trecho. Así lo considera el Teatro de La Scala, la famosa ópera de Milán que desde hace unos días prohíbe a sus asistentes llevar camisetas de tirantes, pantalón corto o chanclas y recuerda la necesidad de vestir “de acuerdo con el decoro del teatro” forrando el vestíbulo con carteles que así lo recomiendan. La medida, que ha despertado opiniones en todas direcciones (quienes no cumplan el dress code no podrán acceder a la función ni solicitar el reembolso de la entrada), vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de cuidar el vestuario estival. Y empezar a hacerlo por los pies.
¿Deberíamos llevar chanclas más allá de playas y piscinas?, ¿cuándo es pertinente o no mostrar los pies?, ¿se puede ir en sandalias a la oficina? La moda es una forma de expresión y, por descontado, cada persona viste como le apetece y como se siente cómoda. La humilde chancla, la de la piscina y las duchas de gimnasio, son hoy un artículo premium,que se vende hasta por 50 veces más del importe acostumbrado. Las hay con logo de Loewe y de Christian Louboutin, pero han sido las hermanas Olsen las que han hecho estallar la polémica con su versión de las sandalias de gomaa 780 euros.






