Este verano, las sandalias ‘jelly’ con rejilla y los modelos de plataforma, iconos de la estética dosmilera Y2K, comparten protagonismo con diseños minimalistas de finas tiras de piel y las humildes chanclas de goma, omnipresentes playas y piscinas. En todos ellos el pie queda al descubierto. El primer paso para embellecerlos es recurrir a los socorridos esmaltes de uñas que, por un módico precio, transforman al instante la estética del pie. Sin embargo, los talones resecos y agrietados en buena parte de la población, son los grandes olvidados.

Un estudio del servicio de reumatología del Hospital del Mar en Barcelona señala que 7 de cada 10 españoles sufre algún problema en los pies. Y de ellos, el 80% son mujeres por culpa del uso de zapatos estrechos y tacones imposibles. Los pies son más ásperos que el resto del cuerpo por una simple cuestión física. “Su piel, diseñada para resistir presión y fricción, es mucho más gruesa. Tampoco tiene glándulas sebáceas ni folículos pilosos, por lo que es más propensa a endurecerse. Esa misma estructura que amortigua cada paso al caminar, los vuelve más vulnerables a la deshidratación, el engrosamiento y la formación de grietas. La falta de hidratación es la causa más común de la sequedad, aunque también influyen factores como la diabetes, el hipotiroidismo o los eccemas”, comenta Vicente Calduch, farmacéutico y CEO de Laboratorios Calduch.