El Departamento de Educación busca una fórmula que le ayuda a mejorar la enseñanza de las matemáticas y así remontar los malos resultados. Educación hace tiempo que propugna que hay que evaluar qué funciona y qué no y por eso ha encargado al Instituto de Evaluación de Políticas Públicas un análisis de los programas piloto que se están llevando a cabo, como el Florence. Otra cosa son las metodologías impulsadas por empresas privadas, presentes en muchas aulas y algunas muy cuestionadas, como Innovamat, Math bits o Math Tutoring, entre otras. “Si un centro escoge una editorial o licencia, forma parte de su autonomía, y nosotros no queremos entrar ahí”, asegura la consejera de Educación, Esther Niubó, en una entrevista con EL PAÍS.

Las matemáticas son la materia temida por muchos alumnos, pero también por familias, docentes y responsables políticos, porque su nombre va ligado, en la mayoría de ocasiones, a malos resultados. El informe internacional TIMSS -una especie de PISA especializado en matemáticas y ciencias- reveló el pasado diciembre que el 42% de alumnos catalanes no supera la prueba de matemáticas y que Cataluña se sitúa en el vagón de cola del Estado. Y en las pruebas diagnósticas impulsadas por el Departamento, la materia continúa en caída libre en 6º de primaria, mientras que al final de la ESO va remontando, casi llegando al nivel óptimo de 70 puntos de media (está en 69,8).