Para unos era un domingo de playa, el primero de agosto, quizá las primeras 48 horas de las vacaciones de verano. La playa de Castell de Ferro, en la provincia de Granada, estaba a reventar. Eran las dos de la tarde y en la arena no cabía ni un alma, según se observa en una decena de vídeos que han inundado las redes sociales, y que muestran cómo una embarcación, no de las que se acercan peligrosamente a las costas para que sus tripulantes se den un chapuzón, sino una lancha cargada de gente asustada, se acercó a los cientos de bañistas. Y los migrantes saltaron al mar. No era difícil distinguirlos porque para evitar quemarse por el sol iban tapados hasta las muñecas, justo al contrario de muchos de las toallas. Y corrieron desorientados, tropezando con las sombrillas. Y nueve acabaron mordiendo la arena.

Es probable que el piloto de la embarcación no previera que a su llegada, en lugar de toparse con policías o guardia civiles, se encontrase con bañistas aparentemente convencidos de que podían sustituir a las autoridades y detener a los migrantes, para indignación de otros veraneantes. En un vídeo grabado por una mujer, de los varios que registraron los bañistas, se observa a un hombre de bañador naranja someter a otro tumbado boca abajo, rodilla en la espalda, mientras ella le grita: “¡Deja al chiquillo!, ¡qué poca vergüenza!”.