Cuando Donald Tusk llegó al poder en Polonia en diciembre de 2023, tras ocho años de Gobierno ultraconservador, prometió reconciliar a una sociedad partida en dos y fuertemente enfrentada. Los polacos pueden dar prácticamente por perdido ese compromiso. Con la toma de posesión del
sidenciales-polacas-por-la-minima.html" rel="" data-link-track-dtm="">ultra Karol Nawrocki como presidente este miércoles, el primer ministro liberal de centroderecha se prepara para la confrontación constante. Nawrocki, historiador y exboxeador, llega a la jefatura de Estado con la intención manifiesta de plantar cara al Gobierno, y Tusk, con equipo y fuerzas renovadas, le está esperando.
Los presidentes en Polonia tienen competencias limitadas pero poderosas. Su principal arma es el derecho de veto legislativo, que solo se puede revertir con una mayoría parlamentaria de dos tercios (que la coalición de Gobierno no tiene). Nawrocki, un neófito que ha llegado a la política de la mano del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS), ha manifestado su intención de hacer pleno uso de esa prerrogativa para limitar al Ejecutivo.
El nuevo jefe de Estado no está afiliado a PiS. Sabe, sin embargo, que le debe su posición al partido de Jaroslaw Kaczynski, que le designó como candidato para las elecciones del pasado junio. También a la extrema derecha de Confederación, cuyos votantes fueron decisivos para asegurarse una victoria ajustadísima en la segunda vuelta. En sus cinco años de mandato tendrá que hacer equilibrios entre ambos.













