Pocas veces un equipo dominante se ha enfrentado a un futuro tan incierto como el que encara Red Bull con vistas a la próxima temporada, cuando la Fórmula 1 se adentre en una nueva era técnica marcada por un reglamento que transformará la arquitectura de los propulsores y, probablemente, también impacte en el statu quo instalado en la parrilla y que tiene a McLaren totalmente fuera de alcance. Los cuatro títulos consecutivos de la marca del búfalo rojo, con un
title="https://elpais.com/noticias/max-verstappen-emilian/" data-link-track-dtm="">Max Verstappen en plan estelar, para nada hacían presagiar la hecatombe que ha debilitado a la todopoderosa escudería de Milton Keynes y la ha convertido prácticamente en una más, de no ser por las genialidades puntuales de Mad Max.
Los siete triunfos que el actual campeón acumulaba a estas alturas de 2024, y que le mantenían el frente del Mundial con 78 puntos de margen sobre el segundo (Lando Norris), contrastan con las dos únicas victorias que lleva este ejercicio y los 90 puntos menos que ha sumado y que le sitúan el tercero en la general. “No me he encontrado bien con el coche en ningún momento del fin de semana”, dijo Verstappen este domingo, tras terminar noveno en Hungría, la última cita antes de las vacaciones.






