Son las cuatro de la tarde y en la calle Godella el termómetro marca 42 grados. “Hace tanto calor que parece la Puerta del Sol”, se cachondea el único valiente que resiste bajo el sol. Lo hace sin moverse en el centro del barrio de San Cristóbal, en el distrito de Villaverde, sentado en un diminuto taburete donde repara móviles junto a un cartel lleno de faltas de ortografía en el que ofrece sus servicios: “cambio de pantayas”, “todas las marcas”, “asta con agua”...

La mujer colombiana que atiende la cafetería del centro cultural del barrio lo hace con ojeras. “No pego ojo con este calor”, dice mientras sirve chupitos de Dyc y un café con hielo, en un edificio del Ayuntamiento que es un homenaje al Aire Acondicionado. Un alarde en un barrio donde lo normal es no tener aire acondicionado y quien lo tiene elige un par de horas al día, cuando la tarifa es más barata, para ponerlo en marcha. Así que la camarera pasa las noches “pegada al ventilador y de la cama a la ducha y de la ducha a la cama”, explica.

San Cristóbal es el cuarto barrio más pobre de España, después de Polígono Sur y Los Pajaritos de Sevilla y el de Juan XXIII en Alicante, según las cifras del INE sobre rentas medias. Un popurrí de acentos que se apagan a las horas de más calor que, en San Cristóbal, son más calientes que en el resto de la ciudad. Si la capital se cuece estos días con máximas de 42 grados, el sur de Madrid es un lento baño María que se cocina entre bloques de ladrillo sin aislamiento, calles sin sombra y una vegetación testimonial, donde hay tres grados más de temperatura que en el resto de la ciudad, según los estudios de la Universidad Politécnica en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid.