Fue hace apenas una semana cuando el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, anunció la apertura de una delegación del gobierno catalán en China. El Govern no ha revelado la fecha en que abrirá las puertas y solo ha trascendido que quiere que sea operativa antes de finales de año para iniciar su cometido: hacer girar el engranaje empresarial catalán, diversificando mercados más allá de los Estados Unidos. Más si cabe, después de unos últimos meses donde la tensión arancelaria ha propiciado una situación de inestabilidad e incertidumbre para los empresarios e inversores.

Tampoco avanzó más detalles el consejero de Acción Exterior, Jaume Duch, quien en los micrófonos del Aquí Cataluña, en la cadena Ser Catalunya, solamente recalcó el papel que jugará en favor de los empresarios el hecho de contar con esta delegación. “Abrirla no valida nada en particular, tampoco los regímenes políticos que imperan”, en referencia al dictado comunista que gobierna China desde mediados del siglo pasado, desde que fue proclamado por su líder Mao Zedong.

En ese sentido, Duch se ha excusado alegando que el Gobierno “también guarda relaciones diplomáticas” con el gigante asiático, “y eso no quiere decir que se valide nada”. Simplemente, lo considera todo parte de un juego de pactos en el que tanto España como Cataluña se sienten cómodos. Prueba de ello es “el apoyo del gobierno y del ministerio de Exteriores” a la apertura de esta nueva delegación, ha añadido el consejero. El Govern planea abrir la oficina en Shanghái y en breve iniciará un proceso de selección “para encontrar el delegado adecuado para la región”. “Nuestra intención es abrir la delegación cuanto antes, pero haciéndolo bien”, ha dicho Duch.