Pelo cobrizo, cara pecosa. La cándida imagen de una niña que además se repite por dos viene rápidamente a la cabeza cuando alguien menciona la exitosa película de 1998 Tú a Londres y yo a California (un remake de la cinta de 1961 Tú a Boston y yo a California). Cuando Lindsay Lohan (Nueva York, 39 años) dio vida a las gemelas protagonistas de la película de Disney tenía unos 12 años, y aún quedaba mucho para que la fama le mostrara su peor cara.

Para el año 2003, cuando la actriz estrenó con Jamie Lee Curtis su primera película juntas, Ponte en mi lugar —de la que el 8 de agosto se estrena una segunda parte titulada Ponte en mi lugar otra vez—, Lohan ya tenía 17 años y la prensa empezaba a verla como una estrella que pasaba de ídolo adolescente a actriz cotizada en Hollywood. Poco después, las polémicas que empezaron a rodear su vida (problemas con las drogas, arrestos e incluso violaciones de la condicional) hicieron de ella una jugosa protagonista de titulares para los medios más amarillistas, provocando las carreras más frenéticas de los paparazis para inmortalizarla en sus peores momentos. Aunque nunca abandonó la industria, su imagen pública, muy deteriorada, se grabó en la memoria visual de muchos como se había grabado antes su cara inocente en la película que la hizo famosa.