El público ha hablado: Lindsay Lohan está definitivamente de vuelta. Con unos óptimos resultados a nivel de venta de entradas y crítica, el estreno de Ponte en mi lugar de nuevo, secuela más de 20 años después de aquel clásico adolescente, supone el hito definitivo en el largo camino de redención de la actriz. La niña prodigio que acabó convertida en “la chica mala de Hollywood”, sumida en una espiral autodestructiva de adicciones y problemas con la justicia, víctima a su vez del escrutinio inmisericorde de la época, ha conseguido rehabilitar su imagen hasta el punto de permitirse liderar un taquillazo familiar de Disney este verano. Pero no es el único regreso que presenta la comedia. Otro icono milenial, casi tan brillante y al mismo tiempo tan postergado como la propia Lohan, la acompaña en su renacimiento particular: Chad Michael Murray (Búfalo, 43 años).
Fue el rompecorazones adolescente oficial de principios de este siglo. El chico malo que deja entrever un hilo de vulnerabilidad tras su caparazón, el enigma de pasado complicado que solo tú puedes resolver, el pack perfecto entre abdominales de hierro, mandíbula marcada, mirada intensa y mechones rubio-surfero perfectamente despeinados. Las chicas Gilmore, Dawson crece, Ponte en mi lugar, Una cenicienta moderna, One Tree Hill… No había producto juvenil, lista de hombres más sexis ni carpeta estudiantil que no contara con él. Pero el que fue apodado como el “nuevo Brad Pitt” no cumplió con las expectativas puestas en él, sumó demasiados años como para seguir interpretando el cliché de joven rebelde sin causa y vio cómo su carrera acababa estancada entre películas con aspiración a ambientar la sobremesa y culebrones vespertinos.







