El pasado mes de febrero, Renault presumía de ser, junto con Ferrari, la única empresa automovilística que no se estaba viendo afectada por el declive del mercado europeo. A principios de julio, después de que Luca de Meo anunciase su dimisión como consejero delegado, la compañía aún mantenía sus objetivos para este año en un momento en el que los competidores los revisaban a la baja e incluso anticipaban pérdidas. Pero las cosas...
han cambiado mucho desde entonces.
De Meo, que lideró la transformación del grupo en los últimos años y que se incorporará en septiembre a Kering, el gigante francés del lujo (Gucci), dejó oficialmente la compañía el pasado 15 de julio. Esta semana el grupo oficializaba el nombramiento de François Provost, mano derecha de De Meo y pieza clave en la ejecución de su plan de transformación de la compañía, Renaulution, como nuevo timonel de la marca del rombo. Horas después de ser nombrado, Provost se encargaba de rebajar las expectativas, al anunciar unos resultados en este primer semestre “que no están en línea con las ambiciones iniciales”, debido a un “mercado europeo a la baja”.
El grupo perdió de enero a junio 11.185 millones, frente al beneficio de 1.380 millones que había tenido en el mismo periodo del año anterior. Lo justifican en el impacto de la depreciación del valor de su participación en Nissan (del 35%), sumida en una crisis. Sin este factor, el beneficio de Renault habría sido de 461 millones, un 70% menos. El grupo francés sufre menos que otros competidores, pero no queda al margen de las turbulencias.










