El Kremlin ha emprendido este año una nueva campaña de confiscaciones de propiedades por todo el país. El Gobierno ruso ha intensificado la apropiación de compañías valoradas en miles de millones de euros con un doble objetivo: mejorar sus cuentas y castigar o recompensar a la élite rusa, según su grado de fidelidad. Las multinacionales occidentales fueron las primeras en sufrir la nueva política rusa tras...
la invasión de Ucrania y en ver cómo sus filiales eran entregadas a los seguidores del Kremlin, pero ahora tampoco se libran los empresarios que tenían el carnet del partido de Putin. Uno ha visto evaporarse su negocio en apenas nueve días.
Según el despacho ruso de abogados NSP, las autoridades rusas han confiscado más de un centenar de grandes empresas por un valor de 3,9 billones de rublos (unos 45.000 millones de euros) desde que comenzó la guerra contra Ucrania en 2022 hasta junio de 2025. De esta cifra, casi la mitad, 1,5 billones de rublos, fueron arrebatados a inversores extranjeros en empresas consideradas “estratégicas”.
Otro recuento, el del diario independiente Novaya Gazeta Europa, contabilizaba 411 empresas confiscadas hasta comienzos de este año, antes de una nueva ola de apropiaciones de grandes compañías. Incluía muchos más activos más pequeños, aunque valoraba el total en 2,56 billones de rublos.






