El sábado a Isaac Del Toro le vino larga la Clásica de San Sebastián, se le atrancó en la última subida, pero en Getxo, en la meta de Algorta, el prometedor ciclista mexicano, segundo en el Giro, dibujaba arabescos sobrado en la rampa final, sabiéndose ganador. Se destapó en Pike Bidea, con la inestimable colaboración de Juan Ayuso, y se despidió hasta la meta para confirmar su clase y que vuelve a tener piernas de ganador.

La segunda carrera más antigua del calendario español, que se revitalizó tras la pandemia, atrajo a un puñado de equipos del World Tour, y entre ellos fue el UAE el más interesado en que las fugas que se produjeron ya desde la salida junto al Guggenheim en Bilbao, no cuajaran demasiado. Dejando hacer por las orillas de la Ría, las calles de Erandio, los descampados de Lamiako donde el Athletic jugó sus primeros partidos, o bajo la majestuosa estructura del Puente Colgante, una travesía turística pintoresca y barata, a 0,55 euros el viaje, los siete integrantes del equipo de los Emiratos, y por qué no, de Pogacar, que siempre está en espíritu al menos, mantenían las distancias, que seguían igual por el tranquilo paseo de Zugatzarte, las mansiones descomunales de Arriluze o la playa de Ereaga, y que menguaban apenas cuando la carretera subía por Txomintxu hacia el Ayuntamiento.