En julio pasado, el Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat constató esa recurrente conversación que se oye en la calle: alquilar una vivienda, sobre todo teniendo en cuenta los precios, es como tirar el dinero, así que mejor optar por la compra (siempre y cuando alcance el bolsillo). Esa conclusión y la falta de oferta de alquiler ayuda al auge del mercado inmobiliario, desatado en los cinco primeros meses del año pese al incesante aumento de los precios. La compraventa de casas se ha disparado un 20% en Cataluña entre enero y mayo, con más de 47.300 transacciones, según el INE. Y los precios en el primer semestre han aumentado un 9% respecto a un año antes, según la sociedad de tasación Tinsa.

La tesorería de la Generalitat sacó réditos de esa coyuntura gracias a los dos impuestos cedidos por el Estado que gravan sobre todo las operaciones del sector inmobiliario, el de transmisiones patrimoniales y el de actos jurídicos documentados. Entre ambos se quedó a unos pocos miles de euros de alcanzar los 1.610 millones de euros de ingresos hasta junio. Esa cifra representa un incremento del 20% respecto a la primera mitad de 2024 o 268 millones de euros más en cifras absolutas, según el último Informe Mensual de Ejecución presupuestaria publicado por el Departamento de Economía y Finanzas.