Bruce Springsteen abre una vez más su caja fuerte y libera siete álbumes inéditos en el cofre

s-en-junio.html" data-link-track-dtm="">Tracks II: The Lost Albums. La audición es agridulce o descorazonadora, según el espíritu crítico del oyente. Si en 1998 la primera entrega de Tracks supuso un tesoro de canciones rechazadas que hubiesen merecido estar en sus mejores discos de los setenta, anteriores a su decisión de dejar en barbecho a la E Street Band, en esta ocasión la generosa descarga de grabaciones solo logra dibujar a un creador que quiso explorar caminos que no eran los suyos y, salvo en contadas excepciones, se quedó a medias en el intento. Arreglos electrónicos, discutibles incursiones en el country, el pop orquestal o el acervo mexicano, desviándole de la esencia que le convirtió en el artista multitudinario que actúa en estadios ante un público devoto.

No es la única figura anglosajona del ámbito de la música popular que decide compartir material desechado por comercialmente inapropiado o sencillamente mediocre. Curiosamente, alguien tan celoso de su privacidad como Bob Dylan sería el primero en tomar conciencia de un vastísimo legado que debía salir a la luz. Las razones son variadas y atienden a lógicas lucrativas, por los varios miles de aficionados que adquieren artefactos antológicos a precios prohibitivos, también por la extensión del copyright que supone publicar grabaciones que de otro modo entrarían en el dominio público. Hay también una explicación tecnológica en la implantación del CD a mitad de los ochenta, formato que ofrecía el doble de duración de un elepé de vinilo, cuyas propiedades y medidas incitaban a confeccionar exhaustivas antologías.