El euríbor ha entrado en una fase de estabilidad a la que ha sido ajeno en los últimos años, marcados por las fuertes subidas que experimentó cuando los tipos de interés se dispararon, y por caídas pronunciadas con los recortes del precio del dinero por parte del Banco Central Europeo. Ahora, con Fráncfort más indeciso sobre cuál debe ser el siguiente paso de su política monetaria, el indicador hipotecario también titubea: en julio se quedó en el 2,079%, prácticamente el mismo nivel que en mayo y junio, cuando cerró en el 2,081%.
Ese estancamiento no enturbia una buena noticia para los hipotecados: dado que la revisión de las cuotas se realiza al comparar las tasas actuales con las de hace un año, sus pagos seguirán menguando. Para una hipoteca media de 145.673 euros a pagar en 25 años, el abaratamiento será de unos 124 euros al mes, o 1.487 euros al año. Esto es así porque el euríbor en julio de 2024 cerró a una media del 3,52%, casi un punto y medio por encima del actual.
Con la inflación bajo control —está en el 2% en la zona euro—, todo parece indicar que las cuotas continuarán bajando como mínimo hasta 2026. Y eso no solo va a poner más dinero en el bolsillo de quienes contrataron un préstamo variable en el pasado. Además, contribuirá a engordar la estadística de compraventa de viviendas, en el que probablemente se convierta en el año con más operaciones desde 2007, en plena burbuja inmobiliaria. Las transacciones de pisos encadenan ya 11 meses de alzas interanuales, y no hay visos de parón: en mayo, último mes con datos disponibles del INE, se aceleraron un 40%, hasta las 61.054 operaciones, por lo que las predicciones más atrevidas apuntan a que se superaran las 700.000 compraventas en el conjunto del año, o como mínimo, se rozarán.






