Al director chileno Sebastián Lelio (Santiago, 51 años) le rondaba hace años en su cabeza realizar una película musical, un género prácticamente sin tradición latinoamericana por su alto coste. Pero la idea comenzó a tomar forma lentamente. Tres meses después de ganar su primer Oscar por Una mujer fantástica en 2018, el cineasta iba andando por la calle cuando vio la tapa de un periódico una fotografía que llamó su atención: un grupo de jóvenes estudiantes encapuchadas, con los brazos en alto, desbordando energía. Eran las protagonistas del mayo feminista que demandaban, principalmente, una educación no sexista.

Tras el premio de Hollywood, el cineasta tenía una cierta claridad de que estaba en una posición excepcional de que en su próximo proyecto podría “hacer algo parecido a lo que sueñas”. Así que armó un equipo, mayoritariamente femenino, y durante siete años desarrolló La Ola, una osada película musical de gran escala, que retrata la revolución de las universitarias chilenas, mezclando la política con el espectáculo. “La película es un juego. Creo que los espectadores que la ven en serio no van a poder entrar”, plantea en una cafetería en Providencia, a un mes del estreno en las salas de cine en Chile.