Christine Lagarde parece haber conseguido controlar la inflación tras unos años de precios desbocados, pero está muy lejos de contener el malestar entre parte del personal del Banco Central Europeo sobre el modo en que la entidad se autogobierna. El último choque, adelantado este martes por el Financial Times, viene con una dura carta de cuatro páginas, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, en la que el presidente del comité de empresa, Carlos Bowles, acusa a la francesa de dirigir “una fortaleza legal irresponsable”, y al Eurobanco, de regirse a nivel interno con formas “antidemocráticas”.
La misiva fue enviada este lunes por correo electrónico a Lagarde con copia a varios altos cargos, entre ellos al número dos del banco, Luis de Guindos. En ella, Bowles, también vicepresidente de Ipso, el único sindicato reconocido en el BCE, con cerca de 700 miembros, se hace eco de “quejas generalizadas de favoritismo, altos índices de agotamiento y la vulnerabilidad de muchos colegas que trabajan con contratos temporales”.
Las críticas se producen en un contexto de enfrentamiento. El BCE quiere que a partir de mediados de 2026 todos los representantes electos de los trabajadores dediquen parte de su tiempo a sus labores habituales, alegando que ahora mismo hay un cierto descontrol sobre el porcentaje del horario que dedican al trabajo y el que usan para tareas sindicales, y que eso les facilitaría retomar su carrera en un futuro de un modo más sencillo.







