El martes posterior entre el último partido de la fase de grupos de España contra Italia y el encuentro de los cuartos frente a Suiza, la selección terminó su sesión matinal lanzando penaltis. Ya se habían acabado los 15 minutos abiertos a la prensa, pero los agujeros que se abrían entre los setos que rodeaban el campo de prácticas de España en Lausana permitían observar el final del entrenamiento a los más curiosos.
Todas las jugadoras de la selección lanzaban penaltis. Unas probaturas que, como después confesó Montse Tomé, les sirvieron a ella y a su cuerpo técnico para decidir las lanzadoras. A España le pitaron dos penaltis durante toda la Eurocopa. Ambos contra Suiza y ambos desaprovechados. Livia Peng le paró los dos a Mariona Caldentey y a Alexia Putellas. Como el cruce se resolvió a favor de las españolas, nadie, o casi nadie, le dio demasiada importancia al hecho de que dos de las presumibles lanzadoras de penaltis en una hipotética tanda errasen sus disparos. La selección no se volvió a topar con la lotería de las penas máximas hasta el partido contra Inglaterra. Antes de la final, España tan solo se había enfrentado a una tanda de penaltis en un gran torneo. Ocurrió en la Eurocopa de 2017 contra Austria. El partido y la prórroga acabaron empate a cero y España sucumbió desde el punto de cal por 3-5 y con Silvia Meseguer fallando su disparo.












