España enfiló una senda maravillosa en la tanda de penaltis de la final de la Liga de Naciones de 2023, que alargó con el triunfo en la Eurocopa de 2024, y ese camino hermoso y emocionante se truncó en la tanda de otra final de la Liga de Naciones, que se llevó Portugal al acertar sus cinco lanzamientos, tras el fallo de Morata, especialmente doloroso por el peso emocional del capitán en este viaje. La Roja volvió a perder en competición más de dos años después, pero dejó el rumbo hacia más alegrías señalado con un partido que gobernó hasta la prórroga, cuando ya se revolvió más la Portugal de Roberto Martínez, que se convirtió en la primera selección en sumar una segunda Nations, después de ganar la primera en 2019.
España se adelantó dos veces, dominando todos sus registros, pero Portugal resistió y encontró el camino para regresar siempre a la final, la última vez con un gol del infinito Cristiano Ronaldo, que ya ha levantado tres copas con su selección.
Ese era uno de los carteles de la final, su cruce con Lamine, el futuro y el pasado inacabable, aún con fuego en las grandes noches, aunque limitado: no acabó por una lesión. La grada portuguesa fijó el estatus del español con una salva de pitidos cuando le llegó la primera pelota. Estas pitadas miden el pavor que provoca un futbolista. Cristiano terminó de bendecir ese estatus cuando con sus 40 años se descolgó de su campamento en la punta para robarle ese primer balón al chico que no ha cumplido aún los 18. Ese rango del barcelonista tuvo también consecuencias en el planteamiento de Roberto Martínez, que congestionó esa banda derecha. Pero España tiene más.















