Dicen que la planta en maceta más antigua del mundo está en el Jardín Real de Kew, al sur de Londres, un pequeño universo botánico de más de 120 hectáreas de superficie que contiene las semillas del 10% de la flora mundial. El año pasado, cuando Robin Wall Kimmerer (Nueva York, 1953) fue allí a dar una conferencia, dijo que Kew era tan hermoso que le había dejado sin habla, y también explicó que aquel lugar simbolizaba la vertiente técnica, fría y clasificatoria de la ciencia occidental.

No hablaba por hablar. Wall Kimmerer es Doctora en Botánica por la Universidad de Wisconsin, y pertenece al pueblo nativo americano Potawatomi, procedentes de los inmensos territorios de agua y bosques de los Grandes Lagos, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. A su abuela Shinoda la expulsaron de sus tierras a punta de pistola, y a su abuelo Asa Wall le obligaron a ir a un internado para indios en Carlisle (Pensilvania) para enseñarle la forma correcta de vivir, haciéndole olvidar su cultura y su gente.

La pequeña se crió entre árboles y animales en el norte del estado de Nueva York, y sus padres le enseñaron a apreciar el medio ambiente. Un día, leyendo un libro de ecología, entendió que se podía cursar estudios sobre plantas. Y quiso saberlo todo acerca de su herencia cultural prohibida.