Fuera del ámbito familiar, el empleo de la palabra “abuelito” para referirse a una persona mayor puede constituir una forma de edadismo, una discriminación por motivos de edad. Está claro que no es equiparable a llamarle carca, dinosaurio o recordarle que ya está otra vez contando batallitas. Pero en ese “abuelito” cariñoso y cercano, advierte David Velasco, director del Programa de Personas Mayores de Fundación ”la Caixa”, subyacen estereotipos sobre cómo se percibe a los mayores. Pensamientos preconcebidos que impiden ver a alguien de 70 años como un nadador asiduo capaz de hacerse un kilómetro al día (ver el despiece de más abajo titulado Señalando el edadismo); o imaginarse a una persona jubilada terminando un grado universitario; o peor todavía, pensar que para qué sirve estudiar a esas alturas de la vida.
Existe también un edadismo limitante, el que “resta autonomía a estas personas, las convierte en sujetos pasivos, las infantiliza”, detalla Velasco, quien añade que no se les debe hablar como si fueran niños, ni emplear tonos condescendientes. Tampoco referirse a este colectivo amplio y heterogéneo como “nuestros mayores” o emplear el mencionado diminutivo “abuelitos” porque “dejamos de verlos como individuos con sus singularidades”. Se produce una deshumanización: “Se les impide participar en la toma de decisiones”, abunda Velasco.






