El viernes 18 de julio el pastor Vladimir López —un recluso salvadoreño, cuarentón, bajito, del que no se sabe mucho más, pero sí que arrastra una condena de 85 años— se paró frente a los 252 venezolanos detenidos en el Centro del Confinamiento del Terrorismo (Cecot) de El Salvador y les dijo: “No pude estar el día de su llegada, pero gozosamente puedo estar el día de su salida”. Volvían a casa. Arturo Suárez-Trejo rompió a llorar y el pastor también. Fue quien todo este tiempo les leyó la Biblia incontables veces, los bendijo un sinnúmero de ocasiones, les ayudó a rebajar el tedio de una celda y les hizo creer que había libertad al interior de cada hombre. A Arturo lo libró de unas cuantas golpizas que habría de llevarse por el delito de cantar en una de las cárceles más temidas del mundo.
En el Cecot estaba prohibido cantar, lo que se convirtió en el castigo más avasallante para Arturo, músico, de 33 años, con el nombre artístico de SuarezVzla, que estaba grabando su tema TXTEO el día en que las autoridades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) irrumpieron en una casa de Raleigh, Carolina del Norte, y cargaron con un grupo de 10 venezolanos, incluido Arturo.
En más de una ocasión, los oficiales del Cecot les fueron encima a Arturo por atreverse a entonar unas letras. Solo se lo permitían cuando el pastor López llegaba al Módulo 8 en las mañanas o las tardes, y lo buscaba a él para que lo acompañara con la alabanza. Hay una en particular que dice así: “Que nada mate tu fe, que nada te haga dudar, porque ya falta muy poco para que vuelvas a tu hogar”.







