Presencia imprescindible de la escena catalana, Pere Arquillué (Terrassa, 1969) regresa al Grec para dirigir Grand Canyon, de Sergi Pompermayer, drama rural en clave de realismo sucio que se podrá ver en el festival barcelonés hasta el 3 de agosto.

¿Diría que Grand Canyon es una obra sobre perdedores? Sí, habla de la derrota personal de cada personaje frente a su propio deseo de cambiar, pero también es una derrota colectiva por la incapacidad de ayudarnos entre nosotros.

Es una obra sobre los sueños rotos o los anhelos incumplidos. ¿Cuál sería el suyo? Puede que suene muy naif, pero mi deseo a menudo se ha correspondido con mi realidad y me siento muy afortunado por ello.

¿Un actor dirige mejor que alguien sin experiencia interpretativa? ¿Sabes lo del fútbol? Pues eso…

¿Tiene algún ritual o superstición antes de salir a escena? Antes, mil. Ahora solo tres. Pero no los voy a decir porque, si no, ¿qué coño de ritual sería?