Hasta hace un año, Huertos del Pedregal era un lugar de fiestas y fantasía. Esta urbanización privada del norte de Culiacán, en Sinaloa, contaba con una veintena de lotes campestres y, al menos la mitad, se rentaba para convivios de todo tipo. Era habitual que cada fin de semana se vieran fuegos artificiales en los cielos y que los vecinos reportaran ruidos excesivos por la música en vivo y, en ocasiones, hasta disparos al aire. “Ahora ya no viene nadie”, asegura Ana Becerra, residente del lugar, que alquilaba su parcela para celebraciones. “Los locales están solos y no nos recuperamos, ni siquiera bajándole el precio”, añade.
Huertos del Pedregal quedó fijado en el imaginario popular hace justo un año, cuando empezaron a conocerse detalles de la captura del narco Ismael El Mayo Zambada. Líder en la sombra del Cartel de Sinaloa durante décadas, Zambada apareció en un aeródromo al otro lado de la frontera, el 25 de julio de 2024, como por arte de magia. A todo el mundo le extrañó. ¿El Mayo se había entregado? ¿Acaso había llegado a algún acuerdo de colaboración con las autoridades de Estados Unidos? La nube de especulaciones fue disipándose con el paso de los días, dejando ver una realidad algo distinta, la figura de la traición.






