Eran cerca de las 11.30 de la noche cuando, a través de los altavoces de la plaza, una voz pronunciaba el nombre del vencedor del certamen de novilladas nocturnas Cénate Las Ventas: Bruno Aloi. No hubo sorpresas. Al mexicano, clasificado injustamente para la final, le había tocado en suerte el mejor novillo y había cortado una oreja (protestada). Y, claro, como triunfador numérico, el jurado no se quiso complicar la vida.

Bruno Aloi ganó, pero no toreó. El que sí lo hizo fue Pedro Luis, el ganador moral de la noche. El peruano, que se había presentado en Madrid solo dos semanas antes, en este mismo certamen, causó una conmoción entre los pocos aficionados (que no público; de ese había bastante) presentes en la plaza.

Todo ocurrió en el sexto, al que recibió de rodillas frente a la puerta de chiqueros, con susto incluido. Para no ser arrollado por el bicho, que salió disparado de toriles, Pedro Luis tuvo que echar cuerpo a tierra, tras intentar sin éxito la larga cambiada. Se levantó el torero y, cuando creía que había salido indemne del trance, el de Guadaira se desentendió de los capotes de la cuadrilla y se fue a por él, alcanzándole por detrás, cuando llegaba al refugio del burladero. No pasó de ahí la cosa.