Alfredo Jaar (Santiago de Chile, 69 años) podría ejercer como el canario en la mina de este planeta en crisis. Cuando nadie prestaba atención a las problemáticas asociadas a la extracción de tierras raras y minerales críticos, el artista chileno ya estaba trabajando en una obra sobre el tema, un grisú de proporciones inabarcables. Jaar no está muerto, pero anda tremendamente alarmado ante la situación geopolítica que se desprende de este rompecabezas. De ese miedo surge The End of the World (el fin del mundo), la pieza que exhibió hasta el pasado 1 de junio en KINDL, una antigua fábrica de cervezas del barrio berlinés de Neukölln reconvertida en espacio para la creación contemporánea, y que podrá volver a verse en Bruselas, en la galería La Patinoire Royale Bach, a partir del próximo 4 de septiembre. Más adelante recalará en el Museo Oscar Niemeyer de Curitiba.
“El nombre es una provocación, pero los últimos meses han confirmado la lógica de la obra”, reconoce sentado ante los ventanales de la cafetería de KINDL. “Cuando Trump le pide al presidente Zelenski que pague con tierras raras por lo que ha hecho EE UU por Ucrania o cuando pretende anexionarse Groenlandia, todo apunta hacia el mismo lugar. Soy muy cartesiano y leo las noticias a diario y no veo otra salida: es el fin del mundo”. Arquitecto, fotógrafo, cineasta y activista, es el artista chileno contemporáneo más reconocido internacionalmente: obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas de Chile en 2013 y ha participado en las Bienales de Venecia, São Paulo y Whitney, además de en la Documenta de Kassel. El mes pasado fue galardonado con la Medalla Edward MacDowell, un reconocimiento que anteriormente han recibido Jasper Johns, John Updike o Norman Mailer.






