Si todos los jóvenes en España supiesen el mismo día a qué grado han entrado, el berenjenal que supone la adjudicación de plazas sería más llevadera para los rectorados, que tienen que cuadrar el número de alumnos con un algoritmo, y para los estudiantes que se postulan en universidades de distintas comunidades ―cada una con su registro― porque quieren entrar en una carrera muy demandada, como Medicina u Odontología. Al día siguiente el alumno podría decantarse por un destino y renunciar al resto, poniéndose en marcha la maquinaria de remplazo en esa plaza. ¿Por qué no se coordinan? Este año hay nueve fechas distintas, lo que supone pasar días de gran inquietud a los aspirantes a la plaza y sus familias. Los decanos de Medicina proponen incluso que solo haya un registro para toda España.
En España hay 17 modelos de PAU (Prueba de Acceso a la Universidad), pero existe un distrito único, de forma que, con la prueba superada, el bachiller puede matricularse en cualquier universidad pública o privada de las 17 comunidades autónomas. Pero cada región tiene su propio registro, que centraliza todas las solicitudes de las universidades públicas de esa región, así que quien aspira a ingresar en una carrera con mucha demanda se ve obligado a echar los papeles en cada autonomía. Y, lo que es peor, cada una de ellas informa de la primera adjudicación cuando quiere. Así que en este momento en Andalucía ya saben quién ha entrado en cada carrera ―lo supieron el jueves―, pero los cántabros y navarros no lo sabrán hasta el 15.






