Poco antes de las cuatro de la tarde de este miércoles, la Guardia Civil encontró un cadáver en una cueva situada en el barranco de Ruguilla, en la pedanía alcarreña de Cifuentes, en Guadalajara. Desde el primer momento, todos los indicios apuntaron a que se trataba de Ramy Virginia Taccarelli, una mujer de 41 años que llevaba desaparecida una semana. Confirmaron que era ella unas horas después por los objetos personales hallados junto al cadáver; avisaron a la familia y procedieron a detener a su pareja, Juan, según confirman familiares de la víctima, cuyo asesinato se investiga ya como un crimen por violencia machista.

Una violencia de la que dan contexto los familiares de ella. Según su relato, Ramy, de origen venezolano, ya le había comunicado a su pareja, Juan, con quien mantenía una relación desde hace seis años, su intención de separarse. La mujer, cuenta su familia, sufría malos tratos verbales, y aunque no había interpuesto aún ninguna denuncia ―no lo hacen seis de cada diez mujeres asesinadas, por miedo por ellas, por sus hijos e hijas o a no ser creídas por las instituciones―, buscaba ayuda para afrontar el proceso.

Ramy y Juan vivieron un tiempo un tiempo en Ruguilla, de donde procedía el hombre, aunque ahora vivían en Iriépal, una pedanía de la capital guadalajareña. La joven tenía un hijo de 18 años, fruto de una relación anterior, y una niña de 5 con su actual pareja, el presunto asesino.