El PSOE temía en este envenenado contexto político una nueva derrota parlamentaria en el Congreso este martes, especialmente ante una reforma del Reglamento de la Cámara con la que el PP pretende acotar más y mejor el control del calendario de los proyectos y leyes el Gobierno. El PSOE daba por descontado ese nuevo varapalo porque presumía el voto en bloque de la oposición de derechas, pero también que para algunos partidos presuntamente aliados (Junts y Podemos) podría resultar “muy goloso” ese toque de atención, situándose en la abstención. Al final el PSOE optó por aceptar que se inicie al menos ese debate aunque atribuyeron al PP una gran “hipocresía” por propugnar ahora lo contrario de lo que hicieron cuando gobernaron y de lo que hacen con su mayoría absoluta en el Senado. Hasta Vox criticó con dureza la “incoherencia” y “tibieza política” del PP. La propuesta prosperó en estos primeros pasos con 289 votos a favor del PP y PSOE, 44 en contra (Sumar, PNV y ERC) y 11 abstenciones (Junts y Podemos), pero habrá que ver si luego continúa su recorrido.

El PP buscaba propinar, en otro pleno tenso y marcado por constantes referencias a la corrupción, una nueva pérdida del Gobierno y su mayoría con una propuesta de reforma del Reglamento del Congreso para cambiar los plazos de la tramitación de iniciativas legislativas, estableciendo una serie de límites a la Mesa de la Cámara para “decidir sobre las eventuales prórrogas, tanto en los plazos de presentación de enmiendas como en la constitución de las ponencias y la emisión de informe por parte de éstas”. Todos los gobiernos de esta etapa democrática han abusado de su prerrogativa, cuando dominan la mayoría de la Mesa del Congreso, para demorar, frenar, aparcar o acelerar proyectos de su interés con el argumento de que algunos pueden alterar partidas presupuestarias ya asignadas. Lo suelen hacer, fundamentalmente, sobre proposiciones de la oposición, aunque a veces también de aliados.