Al rock de combustión lenta del Inter Miami, que empezó el Mundial de Clubes un tanto desafinado, le queda al menos una última función el domingo en Atlanta, los octavos de final contra el Paris Saint-Germain campeón de la última Champions (18.00, Dazn y Telecinco). Messi se reencuentra con el equipo que le acogió después de dejar el Barça y con Luis Enrique, el entrenador con el que ganó su última Copa de Europa en 2015. Empató con el Palmeiras un partido que empezó ganando 2-0 y avanza a los cruces como segundo de un grupo en el que se quedó fuera el Oporto. Los brasileños se verán con Botafogo, los compatriotas que dejaron fuera con su resistencia y su victoria contra el PSG al Atlético de Madrid en Los Ángeles.
El fútbol todavía conserva esa misteriosa cualidad de poder ser jugado de muchas formas. En la era de la repetición de esfuerzos, los atletas y la intensidad, el juego también se puede gobernar caminando. Incluso contra el entusiasmo juvenil del brasileño Estevão. El Inter Miami consiguió dormir al Palmeiras, pese a que el Palmeiras había poblado el Hard Rock con una pequeña multitud entusiasmada que les empujaba. No era la vibrante grada de Boca, pero dibujaron un tifo en un fondo con cartulinas, “SEP”, y reclamaron su pedigrí con una pancarta: “El primer club campeón del mundo 1951”. Reivindican su victoria en la Copa de Río como el punto inicial de este novedoso Mundial de Clubes, algo que no les reconoce la FIFA.













