Los Oklahoma City Thunder sufrieron la gota gorda ante unos correosos y meritorios Indiana Pacers, pero por fin pueden decir que son campeones. Los nervios resultaron más que evidentes durante el séptimo partido de las Finales de la NBA, una eliminatoria de muchos quilates que se resolvió el domingo a favor de los locales por 103-91 para jolgorio de una de las aficiones más bulliciosas de la liga estadounidense. Con el MVP canadiense Shai-Gilgeous Alexander por bandera, madera de leyenda pero porte de humilde currante, OKC capturó su primer entorchado en la NBA desde el traslado de la franquicia procedente de Seattle en 2008.

Con un grupo comedido, ejemplar y joven, un martillo pilón en ataque y una roca en defensa, los Thunder supieron navegar las idas y venidas emocionales de unas Finales donde el rival supo plantar cara hasta el último suspiro a pesar de la cojera persistente de su estrella, una lesión que terminó en lágrimas y drama. Rotura del tendón de Aquiles en el primer período del encuentro definitivo. El mazazo de perder a Tyrese Haliburton con tanta crueldad es doble para los Pacers, ya que el jugador causará baja la totalidad de la próxima campaña. Del cielo al infierno en un chasquido.