El Tribunal Supremo de Estados Unidos le ha dado el último espaldarazo a la Administración de Donald Trump para que siga adelante de manera oficial con lo que hasta ahora había intentado hacer por encima de la ley: expulsar a los migrantes a terceros países sin permitirles una defensa y sin importar si estarían expuestos a algún tipo de riesgo. A pesar de las críticas de los abogados, activistas y la opinión internacional cuando el Gobierno del republicano envió a más de 200 venezolanos a El Salvador, un centenar de asiáticos a Panamá, o a cubanos y mexicanos a África, el alto tribunal ha dado luz verde este lunes para que Trump deporte a extranjeros a países distintos al de origen.
La corte levantó así una orden judicial dictada el pasado 18 de abril por el juez federal de distrito de Boston Brian Murphy, que exigía que se le diera la posibilidad y el tiempo necesario a los migrantes para discutir sus casos antes de ser deportados a países donde podrían enfrentar tortura.
Los tres jueces liberales de la corte de mayoría conservadora, Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jackson, discreparon. Sotomayor calificó la orden como una “recompensa a la ilegalidad” y un “abuso flagrante”. “Aparentemente, el tribunal considera que la idea de que miles de personas sufran violencia en lugares remotos es más aceptable que la remota posibilidad de que un tribunal de distrito se haya excedido en sus facultades correctivas al ordenar al gobierno que proporcione la notificación y el proceso al que los demandantes tienen derecho constitucional y estatutariamente”, escribió. “Ese uso de la discrecionalidad es tan incomprensible como inexcusable”.












