Un atentado contra dos congresistas estatales de Minnesota le costó la vida a la expresidenta demócrata de la Cámara de Representantes de Minnesota, Melissa Hortman, y a su marido; un hombre incendió la casa del gobernador de Pensilvania, el demócrata Josh Shapiro, mientras dormía; dos trabajadores de la Embajada de Israel fueron asesinados a tiros en Washington; un ataque con bombas incendiarias dejó ocho heridos en una marcha en Colorado a favor de la liberación de los rehenes israelíes; un Tesla Cybertruck explotó, con el conductor a bordo, a las puertas de un hotel de Trump de Las Vegas. Son solo sucesos de 2025, pero el año anterior el hoy presidente Donald Trump fue objetivo de dos intentos de asesinato. La violencia política en Estados Unidos, que de entrada trasladaría a uno a 1963 y a John F. Kennedy a bordo de una limusina en Dallas, es hoy una realidad que aterroriza a toda la clase política nacional.
El Departamento de Seguridad Nacional ya situó el año pasado la violencia política como una de sus primeras preocupaciones para 2025. Y una investigación de Reuters, que comenzó tras el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021, concluyó que el aumento de la violencia política actual es el más alto desde los años setenta.






