Se quedó el Madrid con 10 por una inconsciencia ingenua de Asencio, enfrentado a un soldado del fútbol lleno de cicatrices como Salomón Rondón, que ha encontrado en el Pachuca la última e inverosímil estación en la que buscar la gloria. Todo pasó en el minuto 7, y ya para entonces los mexicanos habían avisado con cornetas.
Al Real le esperaba todo el partido con un jugador menos y sensaciones parecidas a las de la primera jornada: centro del campo superado y defensa en estampida para frenar vías de escape. Como si el balón pesase el doble. Courtois salvó al Madrid dos veces, y de repente el Madrid, pasado el sofoco de los primeros 25 minutos, se empezó a salvar a sí mismo.
Con prudencia, desperezándose al final de una hibernación, los blancos enseñaron el brillo de la navaja gracias a dos protagonistas, Güler y Gonzalo. El delantero de la cantera se ha presentado en América como titular tras las bajas de Mbappé y Endrick. Había otras opciones (Vini, Rodrygo), pero Alonso eligió lanzar un mensaje y, de paso, revelar un jugador lleno de noticias. Delantero de remate y gol, de apariciones, en el Mundial se ha descubierto a un tipo que descarga al primer y segundo toque, espabilando a la segunda línea y desencuadernando las defensas contrarias. Una especie de linterna que llega con su lucecilla a rincones necesitados de delanteros así que jugando de espaldas remiten dulcemente, como una evocación tímida, a Karim Benzema. De él fue casi todo el segundo gol, cuando aclaró dentro del área un balón que dejó a Güler en carrera. El turco, perdido los primeros minutos, empezó a coger vuelo a medida que tenía el balón. Es uno de esos jugadores que respiran con la pelota y agonizan sin ella.






