Poco que reprochar a Xabi Alonso: es el centro del campo que tiene y cuanto menos pase el balón por ahí, mejor. Y funcionó bien hasta donde pudo

El disparo de Álvaro Carreras al final del partido, solo con el balón y con el portero metido dentro de la portería (7,32 metros de largo), resume el partido del Madrid y describe buena parte de la catástrofe de esta temporada en cuanto a juego, más allá de vaivenes tácticos, indisciplinas o lesiones. El partido lo resume porque el Madrid se quedó en la primera parte dos veces solo delante de Joan García. Una de Vini escorado a la izquierda que disparó suave a ...

las manos de García. Otra, esta más clamorosa, de Gonzalo, centrado, que disparó igual, al centro, más despacio que Vini.

Fue en esa primera parte donde hubo tres pases malísimos, flojos, en zona delicada, que se regalaron al Barcelona. El primero, de Valverde, casi acaba en gol. El segundo, de Rodrygo, acabó en gol, el primero del partido. El tercero, de Huijsen, se quedó en nada. Hubo uno más en la segunda parte, de Bellingham, que corrió para atrás con tanta culpa que evitó un gol cantado. Reunidos jugadores de tanta calidad en el escenario de una final, y ante su eterno rival, queda una pregunta: o no son tan buenos, o tienen la cabeza en otra parte. Cualquier respuesta es fatal. Los errores son comunes, pero su acumulación y en semejante escenario tiene que significar algo. Carreras, Vinicius y Gonzalo pueden disparar así de blando y de mal si tienen veinte disparos por partido, no si tienen uno o dos (saquemos a Vini de aquí, que se había pegado un carrerón y fue el mejor del Madrid de largo), y Huijsen, Bellingham, Rodrygo y Valverde pueden entregar el balón al rival por una fusión de cables, pero no en una final.