El Real Madrid empezó el Mundial de Clubes y la era Xabi Alonso con un empate decepcionante y nada más comenzar la siguiente entrega se vio en una situación que amenazaba con hacerle perder pie. Asencio vio la roja y se les abrió un escenario inquietante de casi 90 minutos corriendo con un futbolista menos. Pero el Madrid salió de una situación que amenazaba con ser desesperada con un dominio extraordinario de la pelota y el tempo, quizá lo que más echó en falta en la primera entrega. A partir del toque de Güler, Bellingham, Ceballos y Modric, desactivó al Pachuca, que se despide del torneo después de desaprovechar medirse al Real en un partido con uno más. Su jerarquía con el pase fue apabullante. El Madrid mostró que le funcionan de manera fluida algunas cosas, aunque quizá no las que quería Xabi.
La distancia de la pizarra al campo es un poco ese abismo que se abre entre la nitidez de los planes y los borrones de la vida. En su carrera contra el tiempo, Xabi imagina movimientos, conexiones, espacios, pasillos, pero luego llega la vida y se lleva por delante el partido que necesitaba para ponerlo todo a prueba. Un balón a la espalda, una carrera mal medida por Asencio, un agarrón, y el Madrid de repente se vio con uno menos, con todo un mundo por delante bajo el calor de Charlotte, menos húmedo que el de Miami. El central canario, que contra Al Hilal cometió un penalti que su entrenador describió como “evitable”, vio una roja a la que se le puede colgar la misma etiqueta.









