Poco antes de que den las nueve, aún de día, con un cielo cubierto que amenaza chaparrón, empieza la liturgia. Uno a uno los músicos van subiendo las escaleras desde las bambalinas del escenario para ocupar su espacio. Aplaudimos. Hasta que le llega su turno. La cámara está su lado esperando que dé el paso. Bruce Springsteen empieza a caminar. Lo acompañamos. Las imágenes que contempla el público son un elemento fundamental del espectáculo de sus últimas giras. La gente grita mientras él avanza tranquilo hacia su micrófono. Lo sabe. No lloverá.
A las 20.58 mira a las decenas de miles de personas que lo esperaban en Estadio Reale Arena (San Sebastián), donde dio este sábado por la noche el primero de sus dos conciertos españoles (el segundo será este martes en el mismo escenario). Primer plano. El hombre de 75 años no dijo nada y sonrió un par de segundos, preparándonos para que lo que vendría durante las dos horas y cuarenta y cinco minutos siguientes. No duda. Sabe que va a revalidar la promesa que es el tema de la primera canción de la noche: la promesa vital con el rock desde la juventud hasta hoy. Como en dos conciertos previos de su gira Land of Hope and Dreams Tour empezó con No surrender.









