Brasil compensa la crisis de su selección con el apogeo de sus clubes. Mientras la confusión que carcome al pentacampeón del mundo derivó en la llegada de su primer entrenador extranjero, Carlo Ancelotti, a los equipos de Brasil le alcanzaron los primeros días del Mundial de Clubes para ratificar que son mucho más que la gran potencia sudamericana: también pueden doblarles las rodillas a los favoritos europeos.
A un Palmeiras líder en el grupo A tras las dos fechas iniciales y a un Fluminense que puso en aprietos al Dortmund en su debut, se le sumaron dos triunfos históricos, los primeros de equipos sudamericanos sobre europeos en el Mundial de Clubes desde 2012. El jueves en Los Ángeles, el Botafogo sorprendió 1-0 al Paris-Saint Germain, el reciente y brillante campeón de la Champions, y este viernes en Filadelfia el Flamengo superó 3-1 al Chelsea, un peso pesado de la Premier League. Detrás de los impactos hay una razón: aunque poco o nada seguido desde Europa, el Brasileirao -la liga de Brasil- es un torneo que debería ser considerado de primer mundo futbolístico.
“Es la liga más competitiva de toda América. No hay dos, tres o cuatro equipos fuertes. Hay diez, doce muy buenos. Eso hace que la liga sea muy competitiva. No pasa en ningún otro lado. Te diría en el mundo. En Inglaterra hay cinco, seis equipos fuertes. En España, tres o cuatro. En Brasil hay diez, doce, con mucha historia y presupuesto. Permite sostener o traer jugadores más tiempo”, dijo el entonces entrenador del Atlético Mineiro, el argentino Gabriel Milito, en octubre de 2024, cuando su equipo clasificó a la final de la Libertadores.














