Un sentimiento de precariedad y miedo invade a los venezolanos migrantes. Países que antes les abrieron las puertas, como Estados Unidos, ahora hacen lo posible por mandarlos de vuelta a casa, donde se apilan las señales de una nueva crisis económica. Las condiciones del país petrolero se están deteriorando, quedando latentes en la aceleración de los precios, la devaluación de la moneda y la contracción del consumo y, como consecuencia, dejando a los venezolanos con pocas opciones.
“Es un mal momento para ser venezolano en Estados Unidos… y también para ser venezolano en Venezuela”, zanja Elizabeth, quien radica en Miami desde octubre de 2023 amparada por el programa del parole humanitario que fue anulado por la Administración de Donald Trump el 12 de junio. Esa decisión convirtió a 532.000 beneficiarios del plan de cuatro nacionalidades (también afecta a los cubanos, haitianos y nicaragüenses) en extranjeros ilegales. “Es una sensación de orfandad tan dura”, agrega. Pide proteger su identidad porque su última esperanza para quedarse en el país y conservar su empleo de analista de datos es una petición de asilo que está en trámite. Reconoce que si en dos semanas, el último plazo que le impone el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), no recibe una respuesta positiva, abandonará los Estados Unidos. Aunque descarta volver a Venezuela: “No es una opción, todo está peor”.






