Cristóbal Valenzuela, secretario provincial del Partido Comunista en Jaén, fue ejecutado el 12 de julio de 1939 junto a su compañero de partido José Aroca Núñez; el 23 de agosto de ese mismo año, el socialista Alejandro Peris Caruana, secretario provincial del PSOE, corrió la misma suerte; y días más tarde le tocó el siniestro turno a José López Quero, un destacado sindicalista de UGT. Todos ellos tienen en común que sus restos están en la fosa común 548 del viejo cementerio de San Eufrasio de Jaén, donde esta semana, después de mucho tiempo de espera, se ha iniciado la exhumación de las 173 víctimas de la represión franquista que están documentadas en este lugar. Si no hay más contratiempos, después deberían proseguir los trabajos en las otras dos fosas, la 438 y la 702. En total, 1.250 víctimas cuyos familiares aguardan desde hace décadas una reparación, al menos parcial, de justicia y dignidad.
La fosa 548 acoge a los representantes sindicales, políticos e incluso periodísticos más destacados de la época que, según el historiador de la Universidad de Jaén, Salvador Cruz Artacho, “fueron ajusticiados y represaliados de manera sistemática en los primeros momentos de la instalación de la dictadura”.






